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Pastoral Indígena

Ante la sacudida de nuestra Madre Tierra,

que a la unidad nos convocó.

El dolor que, inesperadamente,

a nuestra patria el terremoto sacudió,

nos unimos al dolor.

Como al maíz cuando el molino molió

pero con la esperanza cuando, hecho tortilla,

a su comensal fortaleció”.

(Miguel Mireles Ramírez. Toluca) 

A nuestros amados hermanos que sufren las consecuencias del Sismo; a nuestro querido Pueblo; a nuestros hermanos  Obispos,  sacerdotes, religiosas; a los Gobiernos Civiles.

Les saludamos con afecto y bendición, nosotras y nosotros, los responsables diocesanos de la Pastoral de Pueblos Originarios que venimos de los cuatro puntos cardinales de México, reunidos en Asamblea los días 18 al 22 de septiembre en Cuautlancigo, Puebla.

Los acontecimientos ocurridos en estos últimos días han sido devastadores y dolorosos para todas las personas que formamos nuestro querido México. Durante nuestra  Asamblea,  hemos vivido en carne propia, los estragos del sismo  que ha afectado a tantas familias.  Desde este espacio, nos unimos a la pena y dolor de quienes sufren la perdida de la vida de sus seres queridos, de sus viviendas y de su tranquilidad.

La Madre Tierra hoy  más que nunca,  nos recuerda que ella es importante para la vida humana,  que es nuestra Casa común;  el altar donde tejemos nuestra vida. Nuestra relación con ella, tiene que ser de mayor comunicación y cuidado. Ella, con los movimientos telúricos, clama y pide una relación de cariño, respeto y ternura.

Siguiendo la exhortación del Papa Francisco, “Como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad.  (LS 216).

La crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual, una «conversión ecológica,» (LS 217).

Nos duele la situación que están viviendo las Comunidades Originarias de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Morelos, Estado de México y Ciudad de México.

Convocamos a todas las hijas  y a todos los hijos de los Pueblos Originarios,  que en base a nuestras ancestrales costumbres de Tequio, Guelaguetza, Mano Vuelta,  Paclan áanta, Kórima y Faenas, nos solidaricemos con nuestras hermanas y hermanos que sufren. Compartamos nuestro maíz, nuestro frijol, nuestra casa, nuestro vestido y cariño para que nos ayudemos a levantarnos dignamente de la postración en la que nos han dejado los Sismos.

Unidos en un solo corazón, nos despedimos rogando a Tonantzin Guadalupe, que así como ella levantó  al tío Bernardino de sus enfermedades y sufrimientos, de la misma manera, nos ayude a levantarnos del abatimiento y que haga que amanezca entre las flores y los cantos que dieron esperanza a Juan Diego Cuautlatoatzin.

Pastoralmente,

+ Mons. José de Jesús González Hernández OFM

Obispo de la Prelatura de Jesús, María el Nayar.

Responsable de la Dimensión de Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos.

Comisión Episcopal para la Pastoral Social.

Y participantes en el III Encuentro I Asamblea de Responsables diocesanos de la Pastoral de Pueblos Originarios.

Obispo Responsable de la Dimensión:
Mons. José de Jesús González Hernández-Obispo de la Prelatura del Nayar
Secretaría en dualidad de la Dimensión:

Hna. Luz Angélica Arenas Vargas

Pbro. Mario Pérez Pérez

indigenas@ceps.org.mx

pastoralindigenacem@hotmail.com 

IDENTIDAD

Somos una instancia del Episcopado Mexicano que acompaña a los Pueblos Originarios y Afromexicano en su experiencia de Dios y en el fortalecimiento de sus proyectos de vida.

VISION

La Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicana se entiende así misma como una instancia de la CEM que acompaña el surgimiento de las Iglesias autóctonas, con su rostro y corazón propios, y favorece la autonomía y autodeterminación de los Pueblos para que sean sujetos de su propia historia y acontezca en sus vidas el Reino de Dios. 

MISION

Así como San Juan Diego Cuauhtlatoatzin fue elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción del Teocalli de Tonantzin Guadalupe, quienes estamos comprometidos con esta Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicana, nos reconocemos con la misión de custodiar la memoria del largo camino hasta ahora recorrido por los Pueblos Originarios y Afromexicanos, suscitando la esperanza, el anhelo de una tierra y un tiempo donde la desvalorización de los Pueblos Originarios y Afromexicano sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz; donde la naturaleza y la Madre tierra vuelvan a ser «fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano», que anticipan el advenimiento de  Xochitlalpan, Tonacatlalpan, Ilhuicatlalpan. 

 

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