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El día de muertos representa en México una fiesta. Para los ojos del mundo, las diversas formas de celebrarlo en cada estado de República son causa de extrañeza, porque es uno de los países (junto a otro en Latinoamérica) que no ve a la muerte como símbolo de tristeza.

Gracias a los orígenes indígenas, el día de muertos o de los fieles difuntos, cada hogar mexicano coloca un altar repleto de flores, pan, frutas, incienso, velas, platillos, entre otros objetos, para conmemorar la memoria de sus seres queridos. Sin embargo, estas fechas invitan no sólo a recordar a quienes “se adelantaron”, sino a valorar la vida.

En este sentido, el Papa Francisco escribió un pequeño texto en relación con estas fechas. El cual dice: “El ser humano es extraño. Se pelea con los vivos y lleva flores para los muertos. Lanza a los vivos a la calle y pide un <buen lugar para los muertos>”.

La reflexión del Papa hace referencia a las personas que, a diario, deambulan por las calles sin un hogar. Tan sólo en la capital, la población que vive en las calles oscila entre las 3 mil y 4 mil 500 personas. Entonces, ¿Acaso las palabras del Santo Padre están equivocadas? ¿Acaso no nos olvidamos de los vivos?

O qué decir de los más de 21 mil asesinatos perpetrados en el país. Más de 21 mil asesinatos, producto de la violencia y que, en muchos casos, no han sido esclarecidos. ¿Acaso de esta forma valoramos la vida? ¿No estamos siendo indiferentes ante la muerte de otros hermanos?

En septiembre, México vivió uno de los episodios más estremecedores de la última década. Dos poderosos sismos no sólo cobraron la vida de casi medio millar de personas, sino también dejó a cientos de heridos y miles de damnificados. Entonces, pasado un mes de la tragedia, ¿estas fechas no invitan a agradecer la vida?

El texto del Papa finaliza con una frase contundente “A los ojos ciegos del hombre, el valor del ser humano está en su muerte y no en su vida. ¡Sería bueno que repensáramos esto, en cuanto estamos vivos!”. Que en estas fechas de todos santos no sólo celebremos la muerte, también a la vida.

Obispo Responsable de la Dimensión:
Mons. José Leopoldo González González-Obispo de Nogales
Secretario de la Dimensión:
Pbro. Rogelio Narváez Martínez

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