Estamos llamados para el amor y la caridad
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Estamos llamados para el amor y la caridad









Quien ama tiene la alegría de la esperanza

Para algunos, la caridad es un sinónimo de amor, o bien, una virtud equivalente a éste, ambos innatos al ser humano. Ya lo dijo el Papa Francisco en su cátedra de 2017 con relación al tema “estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia”; al cual acudimos cuando reconocemos el rostro humilde y misericordioso de Jesús, reflejado en los más desfavorecidos.  

Dicho llamado se presenta todos los días, sin embargo, lastimosamente se intensifica en la tragedia. Como sucedió durante el mes de septiembre de 2017, cuando nuestro país vivió una de las peores catástrofes en los últimos treinta años. La desolación, la angustia, el dolor y la tristeza brotaron a pocos minutos de que dos sismos terminarán con la tranquilidad de miles de familias mexicanas.








La caridad, en cambio, es sobre todo una gracia, un regalo; poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo

Pero el escenario, aunque desafiante, no apagó el amor y la caridad por el prójimo, por el contrario, se multiplicó y manifestó de diversas formas. Fue así como, gracias a que cientos de personas escucharon el clamor de los más afectados por la emergencia de septiembre y brindaron su amor y caridad, por medio de la red Cáritas, se beneficiaron a comunidades afectadas en los estados de Morelos, Oaxaca, Chiapas, Pueblas y Edo. de México.

Las obras y acciones que se erigieron e implementaron en favor de los afectados por los sismos de 2017, fueron fruto del amor y la caridad que Dios nos da para vivir una vida en plenitud, en relación a lo que ÉL nos enseñó. “Amar al prójimo”, sí, pero también darle caridad resulta ser una manifestación de ese amor. O como nos dice el Papa Francisco:

“Y entonces se entiende que todo aquello que podemos vivir y hacer por los hermanos no es otra cosa que la respuesta a lo que Dios ha hecho y continúa a hacer por nosotros. Es más, es Dios mismo que, habitando en nuestro corazón y en nuestra vida, continúa a hacerse cercano y a servir a todos aquellos que encontramos cada día en nuestro camino, empezando por los últimos y los más necesitados en los cuales Él en primer lugar se reconoce”. Papa Francisco