¿Qué decimos?

“Aunque soy libre, y de nadie dependo, sin embargo me he hecho esclavo de todos, con tal de ganar a todos los que pueda”. 1Cor 9, 19.

El 10 de diciembre de 1948, después de los horrores de la II Guerra Mundial, la Asamblea de Naciones Unidas emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un avance para la humanidad en la construcción de una sociedad libre de discriminaciones, justa y digna.

El 10 de diciembre de 1948, después de los horrores de la II Guerra Mundial, la Asamblea de Naciones Unidas emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un avance para la humanidad en la construcción de una sociedad libre de discriminaciones, justa y digna.

Este acontecimiento fue un paso trascendental en la toma de conciencia de la dignidad de la persona humana, por el hecho de ser persona, desde su concepción, hasta su muerte natural sin importar raza, cultura, lengua, nacionalidad, credo religioso, sexo o condición social.

Estos derechos son la materialización del deseo de un mundo más justo, equitativo y solidario, proponen un criterio fundamental de ética social. Los creyentes reconocemos que el fundamento de los Derechos Humanos radica en que Dios se hace presente en cada hombre y mujer, particularmente en el pobre y marginado. Jesús constituye como único criterio para el juicio de la historia el respeto a todo ser humano y el servicio a los necesitados al identificarse con ellos.

“La conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos reta a soñar que es posible cambiar de rumbo” (Fernando Bermúdez). Nuestro rumbo está señalado: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, pasé como forastero, inmigrante, y me recibiste en tu casa, estuve sin ropa y me vestiste, estuve enfermo o en la cárcel y viniste a verme… Les aseguro que todo lo que hagan a uno de estos, mis hermanos menores, conmigo lo hacen” (Mt 25,31-46).

Todos queremos ser libres. Nuestra libertad no puede separarse de la aceptación del otro como igual, complementario, digno de respeto y cuidado: “Todo cuanto quieran que les hagan los demás, háganlo ustedes con ellos”, nos recuerda Jesús.

Después de 70 años, aunque hay avances, vivimos una profunda crisis humanitaria de valores, ética y espiritual. Significa que cada etapa de la historia, por la vigencia de estos Derechos, ha de ser decidida libremente por quienes en ella somos protagonistas.

Por lo tanto, esta conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos invita a replantear los paradigmas socioeconómicos y políticos en búsqueda de la paz que nace de la justicia y de la dignidad propia de la mujer y del hombre, con el derecho a emigrar o no de su país.

+Guillermo Ortiz Mondragón
Obispo de Cuautitlán
Encargado de la DEFCS

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