La voluntad de arriesgar: haciendo frente a las violencias en Apatzingán

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La voluntad de arriesgar: haciendo frente a las violencias en Apatzingán

Localizada en Tierra Caliente, la Diócesis de Apatzingán hace frente, desde hace 10 años, a las violencias provocadas por la presencia de grupos delictivos. A través de un diplomado, la Iglesia Católica busca no sólo acompañar a las víctimas de la violencia, sino capacitarlas y convertirlas en agentes de cambio en su comunidad. 

En un día normal, Apatzingán llega a alcanzar los 36 grados centígrados. Perteneciente a la bien llamada “tierra caliente”, el municipio de Michoacán es propietario de tierras fértiles en donde se dan frutos como limón, papaya y mango. Por esta peculiaridad y su ubicación geográfica, Apatzingán ha sido testigo de cómo en los últimos diez años diversos grupos criminales disputan el dominio del territorio

Las consecuencias de la llegada de cárteles, como los Caballeros Templarios o la Familia Michoacana, se han traducido en asesinatos, secuestros, robos y un desencadenamiento de múltiples tipos de violencia. Tan sólo en 2018, autoridades estatales indicaron que en Michoacán desde 2006 a la fecha, registraron 3 mil 404 desaparecidos, de estos, mil 522 fueron localizados vivos, del resto aún no hay paradero; en cuanto a homicidios, ese mismo año, registraron 754.

Los municipios en donde hubo mayor incidencia de ambos delitos fueron Morelia, Uruapan, Lázaro Cárdenas, Zamora, Buenavista y Apatzingán.

Más allá del pésame

En el patio trasero de la Catedral de Nuestra Señora de la diócesis de Apatzingán comienza a llegar un grupo personas, principalmente mujeres, a lo que pareciera una sesión de lectura. Pero no, van con un motivo distinto. Con alegría y agradecimiento, el grupo de 26 personas arriban para concluir el cuarto y último  módulo del Diplomado de Transformación social con enfoque en construcción de paz. 

La necesidad de la implementación del diplomado en Apatzingán, facilitado por la dimensión de fe y compromiso social, de CEPS-Cáritas Mexicana, surge por el clima de violencia  que permea en la comunidad, afectando la estructura social. En Apatzingán, explica Uriel Santa Ana, promotor del diplomado en la Diócesis, hechos como el asesinato del Pbro. Víctor Manuel Diosdado y los múltiples atropellos a la dignidad humana, detonaron en la población la urgencia de hacer frente a lo que poco a poco se convertía en algo cotidiano. 

“Las personas no tenían herramientas, más allá del <pésame> o el y por eso se ve la necesidad de que la persona quiere ser mejor escuchada, de una forma más digna, con un proceso que re-dignifique a la persona y por eso implementamos el diplomado” señala Uriel. 

El objetivo del diplomado fue propiciar reflexión y articulación para la promoción de una cultura de paz. La propuesta descansa en los principios fundamentales de la pastoral de la esperanza y pastoral del consuelo, así como en la centralidad de la persona. Pero, sobre todo, el diplomado sirvió para que la Iglesia, a través de la pastoral social, acompañara a víctimas de las violencias de una forma integral. 

 “No hay credibilidad en las instituciones civiles y por ello recurren como último recurso a Dios, al sacerdote, al ministro extraordinario de la comunión o a las catequistas” comenta el promotor del diplomado. 

Recibir y dar

Han pasado 14 años desde que el hijo de Sandra desapareció. A pesar de formar parte de diversos grupos de escucha y familiares de desaparecidos, Sandra buscaba algo más para sobrellevar su situación y que, al mismo tiempo, pudiera ayudar a quienes pasaban por lo mismo. Es así como en 2017 atiende el llamado de su parroquia para iniciar el diplomado. 

“Siempre busqué relacionarme con personas igual que yo. A mi Dios me ha ayudado mucho, la Iglesia también me ha ayudado  y mi parroquia me ha acogido. He recibido talleres con los cuales he podido aceptar esta situación que yo no puedo cambiar, pero he aprendido a vivirla, a manejar este dolor y ha salir adelante. Además, también quería aportar a otras personas lo que yo había recibido” comenta Sandra en entrevista. 

Sandra junto a sus 26 compañeras de 12 parroquias en la Diócesis de Apatzingán, concluyeron  el diplomado que les ayudará a acompañar a más personas víctimas de violencia, por medio de proyectos que van desde el cuidado de la casa común, hasta el apoyo a mujeres violentadas para que puedan empoderarse por medio de micronegocios. Una de las ventajas del diplomado es crear agentes de cambios, capaces de impactar en las personas de su comunidad; es decir, crear redes de apoyo para hacer frente a las situaciones de violencia.

Una Iglesia en salida 

En la clausura del diplomado, el Obispo encargado de la dimensión de fe y compromiso social, Mons. Guillermo Ortíz Mondragón, y el Obispo de Apatzingán, Mons. Cristobal Ascencio, estuvieron presentes. Con respecto a la iniciativa, Mons. Ascencio señaló la importancia de la pastoral social para transformar el aspecto social. 

Explica que espera que  “cada día vayamos entendiendo la importancia de la pastoral social, que nuestra fe vaya teniendo una proyección en nuestra vida social, que nuestra fe no sea sólo para vivirla dentro de la Iglesia, en el culto, en lo celebrativo, que nuestra fe salga a extramuros, que sea una fe que vaya transformando el aspecto social. Necesitamos que la luz del Evangelio vaya iluminando el camino de los hombres”.

 

 

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