Producción de hortalizas orgánicas: una alternativa para proteger la obra de Dios

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Producción de hortalizas orgánicas: una alternativa para proteger la obra de Dios

En la antigua Mesoamérica, la agricultura funcionaba bajo dos principios, el primero era ofrecer una estabilidad en la producción, sin sobreexplotar el terreno para la siembra, y el segundo correspondía a satisfacer las necesidades alimenticias de la familia o la comunidad. Este sistema de actividades ayudó a conservar la gran diversidad de especies en nuestro país[1].

Pero siglos más tarde, para ser precisos después de los años 60, la producción agrícola en México no incluiría estos saberes para sus modelos de producción. El monocultivo, práctica agrícola en la que se siembra sólo un tipo de planta en una gran área y tiene fines industriales, comenzó a ganar terreno en nuestro país y, actualmente, continúa vigente.

No obstante, y pese a las celebraciones de los Gobiernos en turno porque mediante esta práctica México se ha posicionado en el mercado internacional (tan sólo este año, nuestro país exportó 120 toneladas de aguacate a Estados Unidos[2]), investigaciones como las de la Coalición Internacional para el Hábitat América Latina (HIC-ALC) señalan que los monocultivos destruyen la biodiversidad, contaminan y agotan fuentes y recursos de agua, desgastan suelos, causan desplazamientos forzados de las poblaciones y despojan de los recursos naturales a las familias campesinas e indígenas[3].

El Papa Francisco también se suma a la preocupación del uso de los monocultivos. En su encíclica Laudato Sí, documento en donde habla del cuidado de la casa común, advierte que mientras se siga ocupando esta práctica, los campos de cultivo “pierden la enorme biodiversidad que acogían”[4]. Por ello, el Pontífice sugiere hacer un verdadero planteo ecológico que repercuta en lo social, para que, al mismo tiempo, podamos escuchar “tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

Motozintla y los monocultivos

A la sierra de Motozintla, en el estado de Chiapas, sólo la separan dos horas de camino en carretera de Guatemala. Con un clima templado la mayor parte del año y lluvias constantes, la tierra se vuelve ideal para sembrar diferentes cultivos, como durazno, pera, papaya, maíz, manzana, hortalizas, romero, manzanilla, entre otros. Pero ante el voraz mercado, Motozintla poco a poco comenzó a ceder terreno para el monocultivo y la exportación.

Eliasin Pérez Velázquez, agrónomo y asesor de pastoral social de Motozintla, nos cuenta que, para potenciar el monocultivo del maíz, la región ha utilizado grandes cantidades de agroquímicos. Además, explica cómo, a pesar de tener cultivos de otros frutos, como tomate, banano y repollo, la exportación afecta gravemente a la economía de las comunidades chiapanecas.

“Motozintla también importa hortalizas y algunos frutos, como la papaya y la manzana, pero por esta situación el precio del combustible hace que incremente el precio de los productos consumibles, como el jabón, la pasta, el huevo, papel higiénico”, explica el agrónomo.

Aunado a las complejidades que atraviesa el campo, los sueldos básicos resultan insuficientes para las familias chiapanecas de esta región. Un trabajador percibe por una jornada laboral de casi 10 horas de trabajo, alrededor de 700 pesos semanales. Ante la compleja realidad, los motozintlecos deciden emigrar a la capital o a otros estados de México en busca de mejores oportunidades; dejando en abandono al campo o a merced de unos cuantos.

“He visto la bendición de Dios con estas plantas”

Para llegar a la parcela de Alba hay que caminar 15 minutos colina abajo, cruzar algunos riachuelos y plantíos de maíz. El sonido del agua es perceptible, lógico cuando se piensa en un espacio para el cultivo. Detrás de la milpa, cerca del agua que fluye, pueden verse las hileras de repollo y brocoli. Gracias a la dedicación de Alba, junto a otras dos personas, en un par de semanas podrán cosechar lo que sembraron. “Es bien importante cuidar la tierra. Es difícil hacerlo, pero uno ve la bendición de Dios con estas plantas”, comenta Alba.

El proyecto de Producción de hortalizas orgánicas fue impulsado por Cáritas Mexicana, en colaboración con la Pastoral social de la Diócesis de Tapachula. El Padre Sebastián Pérez, coordinador de las Pastoral de la tierra a nivel diocesano, junto a Eliasin, seleccionaron, a través de un diagnóstico de realidad, las parroquias de San Francisco de Asís, San Jerónimo de Belisario, el Señor de las tres caídas, San Isidro Labrador, para implementar el proyecto, con el objetivo de ofrecer a las familias una alternativa de producción para aumentar sus ingresos económicos y que, al mismo tiempo, pudieran consumir productos frescos, libres de agroquímicos; en sintonía con el cuidado de la casa común.

El gran reto: la conversión ecológica

En Laudato Sí, el Papa explica que la conversión ecológica “implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”[5]. Para los participantes del proyecto, vivir una conversión ecológica fue el principal reto.

Pero las malas costumbres son difíciles de soltar. La beneficiaros del proyecto tuvieron que aprender a recuperar formas de cultivo, siempre procurando el cuidado de la tierra; organizarse en comunidad; esperar el proceso “lento” de los cultivos, fabricar abono de los recursos con elementos a su alcance y, a través de talleres, entender que, si bien habría una primera cosecha, tendrían que esperar para comenzar a sembrar la siguiente.  “Pensamos que era fácil organizarnos, pero no. La conversión ecológica ha sido complicada, y eso generó un estrés personal, al punto de pensar en que la agricultura orgánica no es viable” comenta Eliasin.

Cuidar la casa común

“Gracias a Dios sí tuvimos un poco de producción de jitomate”, cuenta Amanda López, en compañía de su esposo Ramiro, en el descanso del curso que toman en Motozintla. Junto a otros 30 participantes, el matrimonio busca adquirir nuevas herramientas para continuar con sus proyectos de cultivo. “Vamos a seguir trabajando, gracias porque nos han apoyado y asesorado con lo que saben, para compartir. Queremos seguir sembrando de forma orgánica, cuidando nuestra madre tierra. Hay gente que aún no lo entiendo, pero sí hay uno o dos que sí y así vamos trabajando”.

[1] Ávila Bello, Carlos H. (2010). La agricultura tradicional y la conservación de los recursos naturales en México. Este País, tendencias y opiniones. Recuperado de: https://archivo.estepais.com/site/2010/la-agricultura-tradicional-y-la-conservacio%CC%81n-de-los-recursos-naturales-en-me%CC%81xico/

[2] https://www.dw.com/es/la-crisis-del-guacamole-en-m%C3%A9xico/a-49657624

[3] Coalición Internacional para el Hábitat América Latina (HICI-ALC). 2009. Azúcar roja desiertos verdes: Informe Latinoamericano sobre monocultivos y violaciones al derecho a la alimentación y vivienda adecuadas.

[4] Laudato Si, n.56

[5] Laudato Si, num. 217

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