Con oración, diálogo interreligioso y experiencias concretas, comunidades de distintas confesiones inauguraron el Tiempo de la Creación 2026 en la Catedral Ortodoxa de la Ascensión del Señor.
El agua fue el punto de encuentro entre distintas tradiciones religiosas durante el encuentro “Agua Viva: Inmersión en la Esperanza”, realizado este martes 1 de septiembre en la Catedral Ortodoxa de la Ascensión del Señor, con motivo del inicio del Tiempo de la Creación 2026.
Convocado por la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso y Comunión, en conjunto con la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación, en alianza con la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América A.R. y la Arquidiócesis Primada de México, el encuentro reunió a representantes de distintas confesiones religiosas para orar, dialogar y compartir experiencias en torno al cuidado de la Casa Común, con especial atención al agua.
El espacio contó con la participación de representantes de las tradiciones islámica, budista, anglicana, bantú y luterana, además de integrantes de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa en América.
El agua como punto de encuentro
Durante el encuentro se destacó que el cuidado del agua constituye una responsabilidad que trasciende las diferencias religiosas, al tratarse de un elemento indispensable para la vida y una realidad que afecta a todas las comunidades.
Uno de los momentos centrales fue la ponencia magistral sobre la situación actual del agua en México, que permitió profundizar en los desafíos relacionados con su cuidado y conservación.
A esta reflexión se sumó una mesa de diálogo desde la perspectiva fe-ecología, en la que las distintas tradiciones compartieron cómo abordan la preservación del agua y la crisis climática desde sus propios textos, enseñanzas y experiencias.
El diálogo buscó reconocer puntos de encuentro entre las diferentes espiritualidades y mostrar que las comunidades de fe pueden contribuir, desde sus propias tradiciones, a generar una mayor conciencia y compromiso frente a los desafíos ambientales.
De las convicciones a las acciones concretas
El encuentro también incluyó un Panel de Buenas Prácticas, en el que se compartieron proyectos desarrollados desde distintas confesiones religiosas para responder a problemáticas relacionadas con el agua en sus territorios.
Las experiencias fueron abordadas a partir de tres preguntas: qué problemática comunitaria o ecológica atienden, cómo se involucró a la comunidad local y qué resultados medibles han alcanzado.
De esta manera, el encuentro vinculó la reflexión espiritual con experiencias concretas de participación y cuidado de los territorios.
“El diálogo interreligioso no consiste solamente en hablar unos con otros”
En su mensaje, Mons. Juan Manuel González Sandoval, responsable de la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación, destacó que el agua puede convertirse en un elemento que ayude a reconocer la pertenencia a una misma familia humana.
“El agua corre para todos, sostiene la vida de todos y nos recuerda que habitamos una misma tierra y pertenecemos a una sola familia humana”, expresó.
El Obispo de Tarahumara señaló también que la situación del agua en México no puede entenderse únicamente como un problema ambiental, pues detrás de la escasez, contaminación, sobreexplotación y desigualdad en el acceso existen personas, familias, comunidades y pueblos que sufren sus consecuencias.
Desde la perspectiva cristiana, explicó, el agua posee además un profundo significado espiritual como signo de vida, purificación y esperanza. Al mismo tiempo, subrayó la importancia de escuchar la riqueza con la que cada tradición religiosa contempla la Creación.
“El diálogo interreligioso no consiste solamente en hablar unos con otros, sino también en aprender unos de otros y, sobre todo, en caminar juntos”, afirmó.
Sembrar vida, paz y fraternidad
Como parte del encuentro se realizó también un signo de siembra de un árbol, que expresó el compromiso compartido con la vida, la paz y la fraternidad humana.
El gesto adquirió un significado particular al realizarse en un espacio público y comunitario: sembrando vida y paz desde la diversidad de credos, reconociendo que la colaboración entre distintas tradiciones puede abrir caminos para el cuidado de la Casa Común.
El encuentro concluyó con una invitación a vivir el Tiempo de la Creación 2026, que se extenderá del 1 de septiembre al 4 de octubre, como una oportunidad para fortalecer la oración, el discernimiento y la acción por el cuidado de la Creación.
En este sentido, Mons. Juan Manuel llamó a que las reflexiones y buenas prácticas compartidas durante el encuentro se traduzcan en compromisos concretos: “Que este encuentro nos ayude a pasar de la preocupación a la conversión, y de la conversión al compromiso”.
La jornada abrió así el Tiempo de la Creación desde un espacio de encuentro entre distintas tradiciones religiosas, con una convicción compartida: cuidar el agua es cuidar la vida y, desde la fe, cuidar la vida es también honrar a Dios.